melodía en el bosque negro

Posted on 5:32


Tengo la noche abierta a mis pasos, mientras que recuerdo tu olor de gata sucia de lluvia, me aprieto a la noche suspendida en mi sueño poliédrico, acarreo la música del siglo XX, saboreo el jazz en el ámbar de las medias luces, en las mieles de los crepúsculos en playas desiertas, el ámbar de la noche bebe de mi güisqui y yo lo mezclo con el caramelo de la obsesión, me digo, mil veces me digo, el ámbar de la noche con ojos de hueso, con ojos de vacío y bola de ping-pong, la noche se abre y también se cierra en la mitad meridional de lo que no se piensa, la noche da la vuelta como un calcetín y es alegría el pájaro que revolotea por los rincones de la nada, así, como un corazón de nadie y, así, quiero ser siempre yo.
Ya he llegado, por fin, a vuestros aposentos. Ya no tengo cadenas ni oro con que solventar mis culpas, me he dejado tres años oscuros y mis zapatos están nuevos, a golpe de Spotify y algún animalito del bosque he podido dejar mi fe y mi buena esperanza intacta, al fin el amor suele ser un naufragio cuando desgastados los abrazos se funden con la miseria, la miseria y la mugre son primas hermanas, ¿dónde estuvo la gran sociedad de mis ojos cuando estuve tan solo? El bosque huele a mujer desnuda, sin embargo son ángeles los que crean tan cerrado oxígeno en pos del leñador dormido, no quiero ni discusiones, ni combates a cuerpo Tierra, quiero volver a mi paz en ruinas, a veces las ruinas son ensalzadas y visitadas, siento un escalofrío, no estás en mi cama, y el vacío que has dejado se quema, se quema como un manojo de sudados billetes.
Una paloma me dijo que los mejores creadores nacen del barro, del barro con el que moldearon a Adán, agua y tierra, barro del que se nutre la prisa vegetal bajo el silencio, que es tiempo de arcilla con ruido incoloro, barro, cuando palpo tu magma de mujer que huele a tierra labrada, simiente en pelota de arcilla lanzo contra mis poemas de carne marcada, por que cuando en el ombligo marcado por mi cordón umbilical me separaron de mi madre exhausta nacieron tres breves semillas que me caracterizan, la bondad, la compasión y la empatía, parecen la misma cosa, pero no lo son cuando hablo con mi soledad en el barro. Barro desde el que tú me hablas.

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