exploración de dos cuerpos

Posted on 20:27


Pasamos algún tiempo juntos, tanto que el reloj dio 5.110 vueltas en torno a sí mismo, tú explorabas mi cuerpo y yo exploraba el tuyo, como una suerte de azares imprevistos, tú sabías de mi lunar en la muñeca, yo reconocía tus hoyuelos cuando sonreías, circulaba ciego en la oscuridad dándote placer en todas tus zonas erógenas, como una liturgia que lindaba en la rutina y linde a linde te buscaba ya encontrada, conocía de tu cabello grueso y largo porque en las noches lo hacía bullicio de tacto espeso entre mi mano terca en el perderse, perderse de infinito, tú conocías mis pies de tantas veces que los acariciabas y como cuernos de caracol huían de tan sensibles que eran al cosquilleo de tus manos firmes aunque suaves, una vez me perdí por tu espalda, la encontré como una pared de pétrea y sentenciaba una belleza de muchacha robusta y tajante, tus pies medianos eran de dedos meñiques enanos, tu boca una amapola que decía sí desde sus pétalos, y no en sus semillas, mi cuerpo no es una escultura, y el tuyo tampoco, pero qué bien lo pasamos quemando nuestra Roma con las ruinas de nuestra Grecia devastada, la piel, esa era nuestra riqueza, los besos eran nuestros, y las caricias con escalofrío nuestra rosa erizada, que cuando ya inmersa en la fragua de blandos metales se torcía moldeable a nuestro único capricho.

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