crónica sobre singles

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Hoy, día de los Santos Inocentes, he estriado el grano y he deshilachado la madeja. Al fin he comprendido que estar solo no es tan malo. Ser un single caminante, con el rostro por la mayoría reconocible, me ha hecho comprender que el onanismo es mejor que el sexo con amor de los esposos, sigo aprendiendo: de esas madres solteras a la fuerza con una sonrisa en ristre de total acero, se despereza a ratos en una alegría que roza la impotencia, pero una madre soltera es la sola más valiente de todos los solitarios, singles, y misántropos escupidos en la vida de todos los que aúllan en la noche negra de este mundo, la Virgen Single con pecado concebida diría yo que es. Me dan risa los bailes regionales en pareja, cuando paseo yo, solterón con un pasado podrido, se rascan el ombligo las solteronas esas que ningún hombre quiere, ningún hombre quiere porque el hombre que ellas quieren no está en este mundo, tremendo pelele no ha visto la luz todavía, quizá algún día lo verán mis ojos con su carnet de socio de cualquier equipo de fútbol de provincias. Hoy las mujeres los prefieren tontos, y las que los prefieren listos, se arrepienten al cuarto de hora. Los hombres, por el contrario, las prefieren con muchas tetas y que estén buenas, a ser posibles con menos luces que una feria en plena lluvia nocturna. Hay muchos singles que viven con un gato, o con un perro, yo prefiero el silencio extranjero de los peces, hay poetas singles que ni tienen perro ni gato ni peces, tienen un periquito que gustaría fuera un loro al que le es imposible imitar los tonos que él quisiera, según qué tonos de el pajarraco más alto será el grado en el énfasis escarmentado en las cartas a la novia de antaño, novia que se casó con un tonto. Un amanecer soltero es comprender que Pío Baroja y Josep Pla son los mejores singles de la historia de la literatura.

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