Un ayer agridulce

Posted on 14:57


Ayer, día de la muerte de la persona más influyente de estos último 20 años, he tenido cierto sabor agridulce. Sabor agridulce debido a que tras la muerte de Steve Jobs creo que las cosas van a cambiar en el panorama tecnológico. No sé si para bien o para mal, pero las cosas van a cambiar para el mundo de la tecnología. Ayer recuperé mi propiedad. O sea, recuperé lo que siempre ha sido mío. La vivienda donde actualmente vivo y que viviré para siempre, o eso creo. Ayer también adquirí la novela retirada de Agustín Fernández Mallo, su conocido remake de El Hacedor de Borges. Ha sido retirada por la viuda de Borges, y hasta ayer comprendí que nada es del todo imposible. Justo cuando me informaron de la retirada de la novela (aunque me enteré una semana antes) intenté buscarla por cielo y tierra, pues tengo madera de friki, tengo madera de coleccionista loco, me gusta comprar lo descatalogado para ser parte de esas personas que tienen cosas únicas. Pero la propiedad más única que tengo es mi persona. El término propiedad es un término que va en contra de mis principios anarquistas, y también hago como propia la frase que dijo Ernest Hemingway cuando le donó su medalla del Nobel a la virgen del cobre, patrona de los pescadores cubanos. Él dijo: Nadie tiene algo hasta que lo da. Y a mí me gusta tener cosas únicas para compartirlas, porque solamente se debe considerar regalo todo aquello que te cuesta regalar, pero aún así lo regalas.

0 Response to "Un ayer agridulce"