Mi Magdalena Personal

Posted on 9:21


Se han escrito regueros de tinta sobre Proust y su dichosa Magdalena. Mi magdalena personal se remonta desde la más breve existencia, desde la infancia menos consciente. Hace poco leyendo un libro me vino un eructo tras haberme bebido un vaso de leche fría. Fue esa mi propia magdalena de Proust. El momento en el que menos existencia contaba, seguramente en mi neo-natividad lactante. Cuando eructé esa leche recientemente ingerida, mezclada con el sabor agrio de los jugos gástricos tuve el flash-back más revelador que he tenido en toda mi vida. Ese sabor agrio de la leche evocó en mí mi más tierna infancia. Tiempo de casi fetales paces ingenuas e inocentes letargos sin conocimiento previo, tiempos donde el mundo era tan pequeño como yo lo era entonces. Tiempo donde no se pensaba o no se tenía conocimiento de pensamiento alguno, un poco evocando a Pessoa. La época lactante en donde nada es como en un futuro será y el futuro es un idilio que el mismo futuro irá borrando. Recuerdo mi época de lactante aprendizaje literario, tiempo en el que asistía a una tertulia literaria todos los jueves de cada semana. La tertulia se llamaba Catarsis . En esa tertulia participaba una gente tan diversa y variopinta, que esas tertulias se convertían siempre en una amalgama al unísono de voces, que eran tan dispares, que muchas veces la tertulia era lo menos parecido a una tertulia. Se podía hablar de toros, de política, de religión, y en menor grado, se hablaba de literatura, que era lo que allí nos reunía. Era como un conglomerado de distintas personalidades, con distintos intereses creativo-literarios, con distintas opiniones sobre la vida en sí. Recuerdo que la mayoría de los asistentes eran de una edad avanzada, y por ende, siempre salía a relucir el tema de la Guerra (in)Civil a lo largo de las dos o tres horas que duraba la charla. Esa era también la época en la que me aconsejaron leer a los clásicos antes de devorar lecturas más recientes. Ahora cada vez que leo o releo algún clásico (los cuales ellos me aconsejaron) es como mi personal Magdalena de Proust con respecto a la lectura. Les debo mucho a todos ellos. Con algunos de ellos todavía mantengo algún contacto. Nuestra Magdalena de Proust puede ser lo que más nos evoque un tiempo en el que se avivan los recuerdos tras realizar un acto tan mundano como lo puede ser un eructo o asistir a una tertulia en la juventud. El icono de Proust no es la magdalena, el icono de Proust es evidente que repara en el tiempo perdido. Ojalá yo retomara mi niñez o mi tertulia de los jueves en Catarsis. Seguramente no haría cosas que en aquellos tiempos sí hice. O tal vez sí, no lo sé, todo depende si el destino pone a nuestro alcance los mismos pasajes donde anteriormente erremos. No lo sé. Será cuestión de hacer autocrítica de nuestros propios errores y tratar de afrontarlos o refrendarlos, ya que es lo único que puede hacerse.

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