MIGRAR A OTRO LUGAR

Posted on 9:11


Este planeta siempre ha sido un lugar de contrastes, pero está claro que en el presente estos contrastes son más evidentes. Emigrar de tu país conlleva afrontar un manojo de pequeñas tragedias, pero el hecho de separarte de los tuyos, tus seres queridos, es la mayor de todas ellas. Normalmente estos países que contemplan más índices de habitantes que emigran son de por sí de costumbres muy familiares. Tienen mucho apego a la familia, lo que conlleva que por esta costumbre (poco practicada en los países desarrollados) sea aún más grave y profunda la tragedia en sí. Debo decir que estos países, con el alto índice de habitantes que emigran, también suelen ser países de mucha festividad y alegría, entonces vienen por ejemplo a Europa, toda triste, oscura, con tan poca costumbre a la reunión familiar, con tan poco interés por la festividad y el celebramiento, y se encuentran solos, excluídos y totalmente en desamparo emocional, ya que en otras vertientes sociales y administrativas no lo están, pero en esta en especial si lo están. Nosotros los europeos necesitamos de sus playas, de su alegría, de su rica cultura, de sus materias primas, de su riqueza como países de fértiles tierras y productos de gran calidad. Ellos trabajan la tierra y nosotros consumimos sus cosechas. Ellos trabajan en los trabajos que nosotros despreciamos y también consumen las cosechas que nosotros importamos desde sus países de origen. Todos estos aspectos son parte del esfuerzo que se comete en pos de la inmigración, por lo que como resultado deberíamos estar agradecidos. Lo bueno sería que nadie se sintiera en la obligación de emigrar de su país pero esto muchas veces es imposible. Es un deber nuestro reivindicar una sociedad mundial más justa y sin tantas trabas como las que solemos ponernos, no ya por nosotros, que no estamos en desacuerdo con este motivo en lo que se refiere a la emigración, sino por el buen futuro que le podamos dejar a nuestros descendientes, ya que por estos inconvenientes corremos el peligro de ser un mundo injusto, con muchas tragedias sociales, con muchas desigualdades, con tantos contrastes como vergüenzas de la avergonzarse, con tantas carencias emocionales y afectivas que nos dan aparencia de mundo frío e insensible, con tantas contradicciones de las que enmendarse que este pudiera llegar a ser un mundo imposible para vivir. Estos poemas que expongo en el post pasado y en el post presente son unos poemas escritos por la indignación que me produjo tal injusticia global, tal incomodidad como sociedad, tal grito de repulsa contra estas causas que me parecen deplorables para que un mundo progrese desde la armonía y la paz total.

 HOMBRE DEL NORTE

Vs.
HOMBRE DEL SUR
(Mujer A y Mujer B)

El hombre del norte pone el televisor para ver el partido, y hace zapping mientras cena un filete sangriento como el infierno, se queja de cómo está el país, eructa mientras ve a niños llorando por un atentado en Irak, se enfada con la prensa amarilla, se mofa de los homosexuales que salen en un programa sobre moda masculina, se mira un Reality Show, sigue haciendo zapping de una manera tan ciega que asusta, después se queda dormido y deja ver su barriga reflejada por la luz del televisor emitiendo la teletienda.

El hombre del sur pone el televisor que hay en una cantina para ver el partido, no puede hacer zapping por que están viendo el partido varios hombres en la cantina, ve los anuncios en el tiempo de descanso y ve una estupenda televisión de plasma, toda la gama de teléfonos chocolate de la compañía MOTOROLA, ve una casa inteligente en la misma Barcelona, le asombra el anuncio tan desgarrador de UNICEF, está comiendo un delicioso maní que su mujer le dio, es casi lo único que ha comido en el día, ya que antes almorzó un filete de res que le costó 2 dólares; se enfada por que han cambiado de canal, discute con el que lo cambió, decide irse a su casa en la periferia de la capital y allí pensar sobre lo que ha visto para llegar a la triste conclusión de que su vida es un infierno y lo bien que viven en el norte.

***
La mujer A está haciendo ejercicio mientras mira la televisión, ya que le sobran unos kilos que ha cogido en las últimas Navidades pasadas. Las pasó sola, pero este año nuevo ha decidido perder esos kilos para encontrar pareja.

La mujer B está barriendo su choza, ya que no tiene nada con que distraerse, recuerda mientras tanto, las últimas Navidades pasadas, qué suerte tuvieron entonces, pudieron estar todos juntos, aunque no hubiera apenas qué comer.

Las cuatro son personas del mismo planeta. 

UN CUARTO EN UNA AZOTEA



Sudakas y gachupines descansan en Paris, duermen su tormenta,
duermen todos en una azotea, encogidos duermen…,
en un cuarto pequeño, acogida limitada en un cuchitril,
conviven una legión de hormigas, y un ejército de cucarachas
acompañando a la triste vigilia del éxodo de los poetas;
esperamos a que pase la guerra, la batalla ciega del consumidor,
los consumidores quieren besarnos en las manos,
las azoteas desnudas mienten sobre el milagro cercano.
Alquilar una habitación en una azotea
es alquilar la verdad de los suburbios bochincheros.
Suburbios repletos de árabes, y comunas africanas.
Una televisión, una cocina, un calefactor, un ventilador
es todo el universo que trasportamos en nuestra diáspora,
eyaculan los árboles nuestra cal inofensiva en nuestros senderos,
muerden un cielo esclavo los inquilinos del sedentarismo;
pues debe haber resquicios de libertad en los cuartos pequeños
que la precariedad nos impuso. Como congelados párpados.
Todo un mundo habla desde las azoteas, un mundo contrito
en su confort,
de amplia comodidad acaparada en los besos muertos.
Las antenas son nuestras amigas, las ilusiones de nácar
y los puentes vencidos, y los sueños que hablan de la escarcha.
Tejeré mis azules sobre las victorias del cielo,
mientras, en mi espacio chico,
asumiré la derrota de las golondrinas que escapen del sueño.
Somos gitanos del aire invisible, somos judíos de las estrellas.
Dibujan todos los caminos una libertad horizontal,
nosotros somos nómadas divinos de la voluntad durmiente,
somos zíngaros que con sus carros recorren
un abismo en los barrancos, una cruz en los surcos de las palmas
de las manos, un llano baldío en la memoria,
una tregua que camina desnuda ante nuestra libertad.
Y grita de desnuda y de libre. Grita. Grita y camina.


SED DE HUMANIDAD


Dos coches, una casa con parking y dos mandos a distancia,
dos ordenadores portátiles y uno de sobremesa,
tres Dvd’s, tres televisores, dos microondas,
un perro con pedigrí, un selecto mini-bar,
un sofá de cara al televisor; lavadora, frigorífico, secadora;
dos polvos por semana y cuatro pajas al mes,
una cama y una lámpara en cada mesita de noche,
fotografías con sonrisa, cepillos dentales juntos,
tres cuentas en distintos bancos; una hipoteca,
seguros de hogar, de coche y de vida,
un plan de pensiones vacío y una tarta en cada cumpleaños,
un balcón con macetas, una pequeña biblioteca;
aspiradora, perfumes y bombones, papel higiénico,
un viaje cada dos años, vacaciones en casa,
camisas y pantalones para mudar, besos sorpresa,
dos trajes, una palmada en la espalda; se prueba
con la televisión, con visitas a los restaurantes,
la comida, el alcohol, el tabaco, la pornografía,
la autoficción, los blogs, el cine clásico,
el fútbol, la Coca-Cola, el McDonalds’s,
el jazz, el flamenco, el rock, el urban, el pop.
¡Nada! ¡Solamente una cosa puede apaliar mi sed!
Mi sed radica en las relaciones humanas.
Tengo sed de humanidad, de nociva humanidad.
Me refugio en mi jaula de oro y veo la vida pasar.
Entro en el juego una y otra vez; me digo:
-Ésta vez será realidad, ésta vez será posible-
y caigo, caigo desnudo en el barro, salpico a quienes quiero,
los engulle mi personalidad sedienta, despacio y súbitamente.
Cojo aire al dormir y otra vez me levanto desde mi verdad,
cuando me doy cuenta de que podría ser feliz
vuelvo a aspirar al vaso vacío, al mundo lejano,
a la compañía desierta, sé que hay otra vida tras esta muerte.
Aunque se esconde de mí como las ratas de mi ciudad.

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